Un plan para revitalizar tu tiempo de devoción
Por Sheryl Boldt
¿Recuerdas la nostalgia que sentías cuando salías con tu esposo o esposa y tenías que pasar un día entero sin hablar con él o ella? Las circunstancias les impedían comunicarse y no podías esperar al día siguiente para volver a pasar tiempo juntos.
¿Alguna vez te has sentido así con respecto a tu relación con Dios?
De manera similar, ¿ha habido alguna persona que siempre sacaba lo mejor de ti? Siempre te sentías mejor después de pasar tiempo con ella.
¿Sentirías lo mismo al pasar tiempo con Dios?
En columnas recientes, hemos hablado sobre la importancia de buscar a Dios con regularidad. Sin embargo, día tras día, te arrepientes de no haber hecho nada más que orar unos minutos en la cama. Luego, justo antes de quedarte dormido, te prometes a ti mismo (y a Dios): “Mañana lo haré mejor”.
Como creyentes, por mucho que lo ignoremos, sentimos una necesidad, un anhelo innegable, de conocer a nuestro maravilloso Dios. Aquí está la buena noticia: como nuestro Padre celestial, Dios también quiere pasar tiempo con nosotros. 1 Juan 3:1 (NVI) lo confirma: “Miren cuánto amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; ¡y lo somos!”.
Piensa en esto: Dios, el Creador de todas las cosas, quiere una relación con nosotros. ¡Contigo!
Una de las maneras más fáciles de pasar tiempo con Dios es leyendo la Biblia. Quizás tu propósito de Año Nuevo fue leer la Biblia completa en un año, pero ya te has quedado tan atrás que nunca podrás ponerte al día.
¿Qué tal si pones un temporizador para leer la Biblia durante cinco minutos cada día? Cuando suene la alarma, marca el último versículo que leíste para saber dónde empezar al día siguiente. Podrías comenzar con los Salmos, Proverbios, Génesis (el primer libro de la Biblia) o Mateo (el primer libro del Nuevo Testamento). Comenzar con este paso sencillo podría ayudarte a aumentar gradualmente tú tiempo con la Palabra de Dios.
Lo confieso. Hay días en que no me tomo el tiempo para leer la Biblia y orar. Afortunadamente, Dios siempre me atrae de nuevo. Cuando me salto un día, siento que me falta algo en mi espíritu. Extraño la presencia de Dios y extraño Su poder, ambos se han vuelto indispensables para mí. Cuando paso varios días sin dedicar tiempo a la oración, mi familia y mis amigos se dan cuenta de que algo anda mal. Quizás no sepan exactamente qué me pasa, pero yo sí lo sé:
He pasado demasiado tiempo sin estar con Aquel que me ama más que nadie.
Sheryl H. Boldt escribe ficción y no ficción para niños y adultos. Sus reflexiones espirituales aparecen en más de 36 periódicos. También es autora del blog www.TodayCanBeDifferent.net. Puedes contactarla en [email protected].



