Crécele en la Cara
Por Michelle Sierra, Life Climb Consulting LLC
“Les digo la verdad, ustedes pueden decir a esta montaña: ‘¡Levántate y échate al mar!’, y sucederá. Pero deben creer de verdad que ocurrirá y no tener ninguna duda en el corazón.”
Marcos 11:23 (NTV)
Todos en la vida enfrentamos montañas. No son montañas de tierra y roca, sino problemas, deudas, enfermedades, traiciones o temores. Son gigantes que parecen inmovibles. Pero Jesús nos enseñó que, en lugar de escondernos o retroceder, debemos levantar la voz de fe y decir: “¡Levántate y échate al mar!” En otras palabras: crécele en la cara.
Imagina un árbol que comienza a crecer en un terreno lleno de piedras. Al principio parece frágil, pero sus raíces poco a poco se abren camino. No se detiene por los obstáculos; más bien, esas piedras lo obligan a crecer más profundo y fuerte. Así es el carácter del creyente. No se desarrolla en la comodidad, sino en la lucha contra lo que parece imposible.
Cuando Jesús habla de “montañas” en Marcos 11:23, nos recuerda que hay realidades que humanamente no podemos mover. El pueblo de Israel tuvo delante el Mar Rojo, Josué enfrentó los muros de Jericó y David vio a Goliat. Cada uno tuvo que decidir: ¿huir o enfrentar con fe? El crecimiento espiritual se demuestra cuando miramos lo imposible y confesamos: “Dios es más grande que esto.”
Notemos que Jesús no dijo que bastaba con mirar la montaña o quejarnos de ella. Él dijo: “Ustedes pueden decir…” La fe madura habla, declara, se atreve. Lo que decimos en la crisis refleja nuestro carácter. El pueblo gritó y los muros de Jericó cayeron. David habló con valentía a Goliat, y no al revés. Jesús reprendió al viento y al mar, y todo se calmó. Una fe que no se atreve a hablar todavía no ha crecido lo suficiente.
También vemos esto en Jacob. Durante años huyó de su hermano Esaú, pero en Peniel tuvo un encuentro con Dios que transformó su vida. Allí su nombre cambió de Jacob (el suplantador) a Israel (el que lucha con Dios). Aprendió a enfrentar lo que temía y a depender totalmente de Dios. Aunque salió cojeando, salió bendecido y con un carácter renovado.
Así sucede contigo. Donde había miedo, Dios pone valentía. Donde había derrota, ahora hay victoria. Donde antes había silencio, ahora se levanta de tu boca una palabra de fe.
Crecer en carácter significa decidir no huir de la montaña, sino hablarle con la autoridad que viene de confiar en Cristo. Como el árbol que se abre camino entre las piedras, tú también puedes crecer en medio de la dificultad. Hoy Dios te llama a mirar de frente lo que parecía inamovible y decir con valentía: “Crécele en la cara, porque mi Dios es más grande que esto.”



