EL SEÑOR ME RESPONDIÓ
Por: Nelsi Rossi https://sanidadespiritual.com/
En mi angustia clamé al SEÑOR, y Él me respondió. (Salmos 120:1)
Señor Jesús, a ti clamo desde lo más profundo de mi ser. Clamo pidiendo tu ayuda. Tú lo entiendes muy bien, porque tú clamaste al Padre cuando te encontrabas en angustia.
¡Ven pronto por favor, que estoy en agonía y gran aflicción!
Solo tú comprendes las batallas espirituales que he tenido que librar. Por favor revélate a mí, así como le revelaste al rey David tu agonía cuando dijo” “No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quién ayude.” (Salmos 22:11-14)
Necesito de tu poder Oh Dios. Dame discernimiento y sabiduría para enfrentar esta batalla y salir vencedora. Pues, yo no puedo entenderlo con la mente natural. ¡No! Es necesario oír y creer lo que tú dices acerca de las batallas que libramos a diario. De esta manera comprobamos que no son seres visibles los que nos atacan. Si fueran visibles ya habrían sido exterminados con las armas de guerra tan poderosas que han sido creadas. Pero, lo cierto es que son reales, son espirituales e invisibles, y se deben combatir de la misma manera. Por tanto, Señor te hago dos peticiones:
1. Por favor, ayúdame a usar las armas de milicia que has entregado a tus hijos contra las obras de maldad.
2. Ayúdame a usar la autoridad contra toda fuerza del enemigo, con la certeza de que nada me dañará.
Como clamaba el rey David por la presencia de Dios,
Similar a un ciervo por las corrientes de las aguas.
Así se ha derramado mi alma en medio del dolor,
He comido pan de dolores en medio de mis lágrimas.
Tribulación y angustia me han turbado sobremanera,
¡Pero no callaré! Te seguiré alabando Bue Señor.
Pues tú me has rescatado y convertido en lumbrera,
Te exaltaré y te alabaré porque has oído mi clamor.
En angustia y desolación caminando en este valle,
Ha sido como encontrarme con las garras del león.
Pero en tu nombre ha huido sin poder derrotarme,
Y yo continúo enseñando tu palabra de bendición.
La angustia y el dolor serán solo un momento,
Como en tu amor, la ira y el furor son pasajeros.
Así mismo fue la duración de mi triste lamento,
Que con gozo y alegría testifico al mundo entero.
¿Quién no ha pasado por angustiosos momentos?
¿Quién no ha sentido que su hora final ya llegó?
Pero, aunque hayamos vivido difíciles tiempos,
Seguimos glorificando al Dios que nos fortaleció.

