Clima y salud mental:Cómo la crisis ambiental amplifica riesgos psicológicos en las comunidades más vulnerables

Clima y salud mental:
Cómo la crisis ambiental amplifica riesgos psicológicos en las comunidades más vulnerables

Por Andreína Barreto Jové, Huella Zero

El vínculo entre crisis climática y salud mental es cada vez más evidente. A la par del aumento de temperaturas, huracanes más intensos e inundaciones más frecuentes, también crecen las afectaciones psicológicas que estos fenómenos dejan en millones de personas.

El más reciente informe Commonwealth Fund State Scorecard on Climate and Health, publicado en septiembre de 2025 por The Commonwealth Fund, muestra con precisión cómo el cambio climático altera las condiciones de vida y la capacidad de los sistemas sanitarios en Estados Unidos.

Zonas más vulnerables

El informe de la organización mostró que los riesgos climáticos no afectan por igual a todos los estados ni a todas las comunidades de Estados Unidos. Vermont, Nueva York y Washington son los mejor preparados para enfrentar fenómenos extremos; mientras que West Virginia, Kentucky, Luisiana y Florida se ubican entre los más vulnerables.

La clasificación se sustenta en ocho indicadores clave que incluyen calidad del aire, calor extremo, riesgo de inundaciones, eficiencia energética y emisiones contaminantes.

La situación es particularmente preocupante para los estados con grandes poblaciones latinas, donde se concentran múltiples riesgos ambientales. California y Arizona registran la peor calidad del aire del país, impulsada por incendios forestales, ozono a nivel del suelo y partículas derivadas del polvo y de eventos climáticos en la región occidental.

En paralelo, Nevada, Nuevo México y Arizona enfrentan el mayor nivel de calor extremo, con temporadas calurosas más largas y temperaturas que superan con frecuencia los 98.6 °F (equivalente a 37 °C). Estas condiciones afectan de forma desproporcionada a los latinos, quienes suelen trabajar al aire libre, en sectores como agricultura y construcción, donde la exposición al calor es intensa y prolongada.

El aire contaminado es otro factor determinante. Expertos citados por el informe y por organizaciones como la Asociación Americana del Pulmón sostienen que los latinos tienen hasta 2.8 veces más probabilidades de residir en zonas con calificaciones deficientes en los principales indicadores de calidad del aire.

Asimismo, señalaron que la exposición prolongada al ozono y a las partículas finas PM2.5 aumenta el riesgo de ataques de asma, infartos, accidentes cerebrovasculares, deterioro cognitivo e incluso muerte prematura. Enfermedades como la diabetes y los problemas cardíacos (dos de las más prevalentes entre la población latina) amplifican aún más la vulnerabilidad.

El estudio también advierte sobre los riesgos de inundaciones en estados costeros como Florida y Luisiana. En Florida, casi el 15% de las camas hospitalarias se encuentran en zonas con alto riesgo de inundación, lo que compromete la capacidad de respuesta en emergencias climáticas.

“Los sistemas de salud están destinados a ser un salvavidas, pero muchos no están preparados para fenómenos meteorológicos extremos”, señaló Lovisa Gustafsson, vicepresidenta del programa Making Health Care Affordable de The Commonwealth Fund.

Estos eventos no solo generan daños físicos o infraestructura colapsada. También dejan secuelas psicológicas profundas. En entrevista con Huella Zero, el psiquiatra Gabriel Vargas explicó que fenómenos como huracanes, incendios, inundaciones y sequías pueden desencadenar estrés severo, ansiedad e incluso trastornos de salud mental más complejos, como depresiones mayores, duelos complicados o trastornos por estrés postraumático.

“Esos eventos dejan una huella en el psiquismo y se puede manifestar de diversas formas como el estrés o ansiedad, pero puede convertirse en lo que nosotros llamamos cuadros clínicos psicopatológicos, es decir, enfermedades propiamente dichas en psiquiatría, como puede ser un trastorno de ansiedad, una depresión mayor, un duelo complicado y lo que más se vincula a estos eventos son los llamados trastornos por estrés postraumático”, señaló el médico.

Apoyo psicológico tras un desastre natural

El especialista subrayó que, para las personas que viven desastres naturales, el apoyo psicológico temprano es crucial. La seguridad, el acceso a necesidades básicas y la reconexión con redes familiares y comunitarias constituyen factores esenciales para el manejo adaptativo del trauma.

Pero el deterioro ambiental no solo afecta a quienes han vivido un evento extremo. También influye, aunque de forma más silenciosa, en el bienestar cotidiano de quienes habitan en ciudades densas y contaminadas.

Por eso, el especialista destacó la importancia del contacto regular con la naturaleza: caminar en un parque, acercarse al mar o incluso pisar el césped descalzo: “El oxígeno en su estado más limpio incrementa los estándares de salud mental”.

Tanto Vargas como The Commonwealth Fund coincidieron en que mantener una vida activa y buscar espacios verdes, aun dentro de ciudades saturadas, contribuye a disminuir el estrés y mejorar el estado emocional.

El informe de la organización coincide con esta visión y advierte que el cambio climático intensificará riesgos de salud y presión sobre los sistemas sanitarios.

Entre los grupos más expuestos mencionó a niños, personas mayores, comunidades de bajos ingresos y, de forma marcada, a los latinos. Para estas poblaciones las soluciones pasan por fortalecer la resiliencia de hospitales, reducir emisiones contaminantes y promover políticas de energía limpia.

Recursos de Salud Mental

  • Línea Nacional de Crisis de Salud Mental: 988
  • Línea Nacional de Prevención del Suicidio: 1-800-273-8255

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